sábado, 4 de junio de 2016

una mesa con una chocolatada y una piba que observa.



Dejé de escribir cartas el día que dejé de creer en las palabras. Me reproché bastante acerca de cómo había caído en el engaño de las letras. ¿Por qué me aferraba tanto a los abrazos literarios y al olor de los libros? Todo era tan diferente a lo real, ¿cómo no perder la razón? Si elijo vivir en el mundo de Woody, saliendo de gira como Kerouac, sintiendo como Baudelaire, creando como García Lorca, amando como Cortázar...
Pero volví a escribir cartas un tiempo después, cuando aprendí a contemplar la magia de esta dimensión que hoy toca atravesar, porque todo lo que tiene que ocurrir está pasando acá; mientras estoy sentada en mi bar favorito, refugiándome del frío y de la noche, contemplando a la gente de las mesas de mi alrededor que saborean novelas con gusto a historias de amor con final feliz.
Hoy el abecedario completo en todas sus formas es mi aliado. Hoy creo que la fuerza que tiene un "te quiero" es completamente importante y hermosa. Hoy desayuno, almuerzo y ceno poesía. 

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